Obligatoriedad de edificios cero emisiones: qué exige la EPBD y cómo preparar proyectos de obra nueva antes de 2026

La obligatoriedad de edificios cero emisiones redefine el diseño y la ejecución de obra nueva: envolvente de altas prestaciones, ventilación con recuperación, electrificación, renovables integradas y monitorización. En 2026, la clave es anticipar requisitos y asegurar evidencias trazables desde proyecto a commissioning.
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Obligatoriedad de edificios cero emisiones: 2026 marca el punto de inflexión

La obligatoriedad de edificios cero emisiones no se va a resolver con “mejorar una letra” en el certificado energético. Implica un cambio de enfoque: pasar de cumplir por prescripción (checklist de soluciones) a cumplir por prestación verificable (rendimiento real, documentación coherente y evidencias). En 2026 se concentra un hito clave: la adaptación del marco nacional al nuevo modelo europeo, y eso afectará de forma directa a cómo se redactan proyectos, cómo se licitan partidas y cómo se controla la ejecución en obra.

Para constructoras, promotoras y direcciones facultativas, el reto no es solo técnico: es de gobernanza del proyecto. Si el “cero emisiones” llega tarde (cuando la obra está avanzada), el coste es retrabajo, conflictos contractuales y desviaciones de plazo.

Qué significa “cero emisiones” en la práctica de proyecto

En términos operativos, un edificio “cero emisiones” obliga a combinar tres capas:

  1. Demanda mínima: reducir al máximo las necesidades de calefacción, refrigeración y ACS mediante diseño pasivo y envolvente de altas prestaciones.
  2. Sistemas eficientes: instalaciones dimensionadas y controladas para operar cerca de su punto óptimo (no solo instaladas, sino ajustadas).
  3. Energía renovable integrada: cubrir la parte residual con fuentes renovables viables para el uso previsto.

El resultado esperado no es un “edificio con placas”, sino un sistema energético coherente donde envolvente, ventilación, climatización, control y generación funcionan como un conjunto.


Impacto real en diseño y construcción: lo que cambia en obra

1) Envolvente térmica: más control en encuentros, menos tolerancia a “detalles de obra”

Cuando el objetivo es rendimiento, la envolvente deja de ser una partida “arquitectónica” y se convierte en un elemento crítico de cumplimiento. Los fallos típicos que antes se compensaban con potencia instalada (puentes térmicos, discontinuidades de aislamiento, infiltraciones) ahora se traducen en consumo, confort y desviación de objetivos.

En obra, esto exige puntos de inspección planificados: sellados, pasos de instalaciones, carpinterías, encuentros de fachada y cubierta, y control de cambios sobre proyecto.

2) Ventilación mecánica con recuperación: si no hay puesta en marcha, no hay prestación

La ventilación con recuperación de calor puede mejorar el balance energético, pero introduce una realidad: sin equilibrado de caudales, sin verificación de rendimientos y sin mantenimiento definido, el sistema no entrega lo que promete.

Por eso el foco pasa a commissioning: protocolos de ajuste, registros, parámetros, y evidencias de que el sistema opera como se diseñó.

3) Electrificación y renovables: coordinación temprana con estructura, MEP y mantenimiento

La integración de renovables y la reducción de combustibles fósiles empujan a planificar desde el principio: espacios técnicos, rutas de cableado, cargas, soluciones de apoyo, accesibilidad para mantenimiento y estrategia de operación.

Esto afecta licitaciones y compras: ya no basta con “equipo equivalente”. Se debe comprar prestación (eficiencia, control, integración) y exigir documentación trazable.

4) Monitorización en tiempo real: medir para operar y para demostrar

La monitorización de consumos y el control automatizado dejan de ser “capricho domótico” para convertirse en herramienta de gestión: permiten detectar desviaciones, justificar rendimiento y reducir incidencias.

Para equipos de operación y mantenimiento, esto marca la diferencia entre un edificio que cumple sobre el papel y uno que cumple en explotación.

Riesgos empresariales si se improvisa

  1. Riesgo contractual: objetivos energéticos mal definidos o contradictorios entre proyecto, pliego y oferta.
  2. Riesgo de certificación y entrega: documentación incompleta (manuales, fichas, pruebas, parámetros) que frena la recepción.
  3. Riesgo de obra: cambios de materiales o soluciones sin reevaluación del impacto energético.
  4. Riesgo reputacional: edificios “de alta eficiencia” con quejas de confort o consumos superiores a los previstos.

Enfoque correcto: expediente técnico y evidencias desde el minuto uno

La forma más sólida de abordar la obligatoriedad de edificios cero emisiones es tratarla como un proyecto con expedientes por disciplina y evidencias asociadas:

  • Diseño: requisitos, criterios de aceptación y control de versiones.
  • Compras: homologación documental de fabricantes y subcontratas (fichas técnicas, garantías, manuales, mantenimiento).
  • Obra: checklists de puntos críticos, registros de inspección y gestión de cambios.
  • Puesta en marcha: protocolos de pruebas, parametrización y resultados.
  • Entrega: dossier final para explotación (O&M) con trazabilidad completa.

Aquí es donde una plataforma como Code Contract aporta valor técnico real: centraliza solicitud/validación documental con terceros, asegura versiones, deja evidencias auditables y reduce tiempos muertos por “papel pendiente”.