La trazabilidad alimentaria digital se ha convertido en un requisito operativo crítico en pesca y acuicultura. Cuando un porcentaje relevante de lo que se comercializa puede estar expuesto a prácticas de fraude alimentario, el problema deja de ser teórico: impacta en costes, en seguridad del consumidor, en reputación y en la capacidad real de demostrar cumplimiento ante auditorías, clientes y autoridades.
Qué entendemos por fraude alimentario en productos del mar
En el ámbito de la pesca y la acuicultura, el fraude suele materializarse en prácticas como sustitución de especies, etiquetado incorrecto (origen, método de producción, zona de captura), mezclas no declaradas, manipulación de fechas o documentación, y uso de información incompleta o incoherente a lo largo de la cadena. El reto operativo es evidente: cuanto más procesado está el producto (fileteado, congelado, elaborado), más difícil resulta verificar visualmente su autenticidad y más dependiente se vuelve la organización de la evidencia documental y de controles analíticos cuando proceda.
Por qué la alerta incrementa el escrutinio (y dónde duele en la operación)
En la práctica, este tipo de alertas suele traducirse en más exigencia de evidencia, no solo de procedimientos. Es decir: no basta con “tener un sistema”; hay que probar que se ejecuta de forma consistente, que se controla a terceros y que se actúa cuando hay desviaciones.
Los puntos donde la operación suele fallar no son sofisticados:
- Documentación de proveedores que llega tarde o incompleta.
- Certificados caducados o no vinculados a lotes concretos.
- Versiones múltiples de un mismo documento sin trazas de aprobación.
- Evidencias dispersas entre correos, carpetas y hojas de cálculo.
- Dificultad para reconstruir un expediente completo cuando hay una reclamación o auditoría.
Cuando existe riesgo de fraude, estas debilidades se convierten en un problema de primer orden: si no puedes demostrar la cadena de decisiones (qué se pidió, qué se recibió, quién validó, con qué criterios y en qué fecha), la organización queda expuesta.
Enfoque correcto: trazabilidad alimentaria digital basada en expedientes
El enfoque más robusto no consiste en añadir más tareas manuales, sino en diseñar la trazabilidad para que la evidencia se genere “por defecto”. La forma más efectiva es trabajar con expedientes digitales por proveedor y por lote, donde toda la documentación y validaciones queden unificadas y con control de cambios.
Un modelo operativo sólido incluye:
- Expediente por lote: recepción, transformación y expedición vinculadas al mismo identificador, sin huecos.
- Requisitos documentales definidos por regla: qué documentos son obligatorios según especie, origen, proceso, cliente o mercado.
- Validación automática de aspectos verificables: vigencias, campos críticos, coherencias entre documentos, integridad del lote, y presencia de anexos.
- Trazas de aprobación: quién valida, con qué rol, qué se aprueba y cuándo.
- Gestión de excepciones: flujo de no conformidades, bloqueos de lote y liberaciones justificadas.
- Evidencia exportable: capacidad de generar un dossier de auditoría en minutos, no en días.
Certificación de terceros y controles reforzados: cuándo tienen sentido
Las certificaciones de terceros pueden aportar una capa adicional de confianza, especialmente cuando el mercado o el cliente lo exige. Sin embargo, desde un punto de vista técnico, su valor real aumenta cuando se integran en el expediente: certificado vigente, alcance aplicable, correspondencia con producto/lote y evidencia de controles internos complementarios.
En categorías de mayor riesgo, la organización puede necesitar controles reforzados, como verificaciones analíticas (por ejemplo, cuando el riesgo de sustitución de especie es elevado). La clave es que estos controles estén planificados, trazados y vinculados a decisiones operativas.
Cómo encaja Code Contract para hacerlo sostenible
El desafío no es “saber lo que hay que hacer”, sino mantenerlo sin colapsar al equipo. Una plataforma como Code Contract aporta valor cuando convierte este enfoque en un flujo documental automatizado: solicitud a terceros, recepción ordenada, validación por reglas, control de versiones, trazas de aprobación y expediente listo para auditoría.
Conclusión: ante un contexto de mayor presión sobre autenticidad y fraude, la respuesta eficiente no es multiplicar Excel y correos, sino consolidar una trazabilidad alimentaria digital con evidencias completas, coherentes y auditables por diseño.